Comiendo por Japón. Día 4: Caja Bento e Izakaya Hachi Maru

El día 4 viajamos de Tokyo a Kanazawa.

Salir de una ciudad que parece Nueva York en crack como Tokyo para ir a Kanazawa es un respiro de aire fresco. Kanazawa es una ciudad mucho más tranquila y pequeña que te permite turistear más relajado.

Caja Bento

Llegamos muy temprano a la estación de Tokyo para salir y nos compramos cada uno una caja Bento, que es una cajita de cartón que tiene comida preparada para llevar.

Tal y como todo lo que hacen los japoneses, la caja está perfectamente acomodada y categorizada y se nota el cuidado que ponen en los colores, las texturas y los distintos tipos de comida que incluyen.

Hay varios tipos de cajas Bento. Las que se venden en las estaciones de tren se llaman ekiben y suelen incluir algún ingrediente típico de la ciudad.

Las cajas Bento, por lo regular, incluyen lo siguiente: arroz gohan con una umeboshi (ciruela encurtida) en el centro para representar la bandera de Japón, una porción de pescado/carne, tempura y mariscos, una porción de verduras marinadas o encurtidas y una porción de fruta.

Caja Bento

Por supuesto que yo no sabía nada de eso cuando la compré. Abrí mi cajita feliz y encontré arroz, pescado en tempura, un camarón capeado, unas bolitas de carne marinada, tamagoyaki (omelette de huevo), verduras encurtidas que nunca supe específicamente cuáles eran, una frutita que sabía a camote, una especie de chutney agridulce y una soya bebé que se ven arriba a la derecha.

Si bien no estoy acostumbrada a este tipo de comida para desayunar, me pareció algo muy balanceado y ligero para empezar el día.

Me encantó la combinación de lo salado de la carne con lo dulce de la salsa con el ácido de los encurtidos y la mezcla de texturas suaves con crujientes.

Hay algo sobre el arroz en Japón que hace que tenga la pegajosidad y sabor ideales. Fue delicioso mezclar cada uno de los ingredientes sorpresa con un bocado de arroz.

Fuimos al Castillo de Kanazawa también conocido como “Castillo Blanco”, al distrito donde antes se encontraban las Geishas y luego pasamos por el Mercado Omi-cho.

Este mercado tenía muchísimas verduras, pero muy poquitas frutas aunque probamos unas uvas gigantes que tenían un sabor espectacular. Las rojas sabían a vino tinto y las verdes sabían a lychee.

Hongos

Había una variedad enorme de hongos y las lechugas tenían el tamaño de balones de fútbol.

Lechugas

Izakaya

En la noche decidimos ir a un izakaya y terminamos en uno que se llama “Hachi Maru”.

Izakaya “Hachi Maru”

Los izakayas son los bares o restaurantes típicos japoneses a donde normalmente van los oficinistas o “godínez” después de un día de trabajo a tomar, cenar, convivir y relajarse.

Intentamos entrar a un par de izakayas pero no aceptaban extranjeros o ya estaban llenos ya que tienen muy pocos lugares, literal, unos seis u ocho.

Finalmente, llegamos a uno donde nos dejaron pasar pero nos advirtieron: “Sorry, no English”.

Me atrajo mucho este restaurante porque entramos y nos recibió una mesera mega amable (como todos los meseros en Japón) y era un lugar donde estaban los chefs detrás de una barra de mosaicos azules cocinando a la izquierda y todos los comensales sentados en el piso frente a ellos. Al fondo había un cubo de luz con un árbol y un pequeño jardín precioso dentro.

También, había 2 salas privada con grupos de oficinistas tomando y cenando muy animados. Ni una sola mujer a la vista…

A diferencia de la seriedad y formalidad con la que habíamos visto comportase a los japoneses en el metro, en la calle, en los museos y en los templos, aquí tuvimos oportunidad de verlos más “latinizados”, pasándola bien, echando desmadre, sin la rigidez social que la mayoría del tiempo los caracteriza.

A pesar de la barrera del lenguaje, decidimos quedarnos y aventurarnos a pedir señalando platillos de otros comensales, usando Google Translate sobre el menú, y jugando “Dígalo con mímica” con la paciente mesera.

Otra cosa que aprendimos fue que “sake” significa “alcohol” y que lo que nosotros conocemos como “sake” en México, es decir, la bedida alcohólica de arroz, se llama “nihonshu”. Esto fue después de repetirle 10 veces a la mesera que queríamos sake y que ella nos preguntara en japonés probablemente que qué tipo de sake queríamos. No sé como logramos darnos a entender pero nos trajo una jarrita de sake frío que nos supo a gloria.

El sake siempre se debe de servir al otro y no debes servírtelo a ti mismo. Tiene un sabor muy sutil y elegante que hace que te pase como agua y, por lo mismo, es muy engañoso.

Para no entender ni jota, nos fue muy bien con la orden.

Primero, nos trajeron un sashimi de atún y pescado. El pescado en Japón tiene una frescura, un color y un sabor inigualable.

Sashimi

Luego, nos trajeron unas yakitori o brochetas de pollo con cebollín que segundos antes habíamos visto cocinar al chef que les daba vueltas y vueltas encima de un carbón hirviendo.

Yakitori

En seguida, nos trajeron un donburi (plato con arroz) con pescado. Tenía un caldo de pescado que vertimos sobre el plato hirviendo que hizo que todo platillo tuviera un sabor espectacular. Este platillo se me hizo muy reconfortante.

Donburi de pescado

Como broche de oro, pedimos una especie de crème brûlée con helado de vainilla.

Cenar en el izakaya me encantó porque pudimos experimentar el ambiente relajado y alegre del lugar a donde van los locales. También, pudimos probar el nihonshu y un estilo de platillos deliciosos y accesibles que no son nada pretenciosos y cuyo mayor secreto está en la sencillez.

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