Comiendo por Japón. Día 2: Mercado de Tsukiji y depachika

Mercado de Tsukiji

Nos despertamos a las 6:00 AM sin alarma porque el jet lag hizo de las suyas, esta vez, para bien. Tenía una emoción indescriptible de conocer el Mercado de Tsukiji en Tokyo. A pesar de que en octubre de 2018 se trasladó la parte del mercado donde subastan los atunes al Mercado de Toyosu (inner market), el outer market del Mercado de Tsukiji, que está prácticamente pegado al mar, aún está repleto de restaurantes/puestos de comida y tiendas de pescados, mariscos, crustáceos, especias, comida deshidratada, tés, cuchillos, vajillas, y básicamente, todo lo que uno se imagine que tenga que ver con comida.

A pesar de ser unas pocas cuadras, llegamos del metro a las 8:00 AM y nos encontramos en un mundo alterno lleno de maravillas culinarias por admirar y por probar. Hay pescados de todos los tamaños y colores, algas de muchísimas especies, unos cangrejos vivos del tamaño de un perro, todo fresquísimo.

Japón es un lugar extremadamente limpio. ¡Las personas son tan pulcras que ni el mercado de pescado huele a pescado! Cualquier cosa que pruebes de comida debe ser consumida en el mismo puesto en donde te lo vendieron. Si se te ocurre llevarte la basura contigo, ¡buena suerte encontrando dónde tirarla (no vas a encontrar un bote de basura en kilometros a la redonda porque todos tiran la basura en sus casas y es de mal gusto comer en la calle)!

Tenía tanta ilusión de ir a este mercado que llevé una lista con toda la comida que quería probar.

Empezamos por un puesto que se llama “Kitsuneya”. Básicamente, es un plato de arroz con carnitas encima. Pedimos uno que tenía carne de res marinada en soya y otro que tenía tripas, hígado y otras delicias intestinales encima que se llama Horumon. ¿Estoy mal si me dio el mal del Jamaicón a día y medio de estar lejos de México? Me acordé de las carnitas Mecami del mercado de Tizapán y no pude evitar pensar lo bien que sabría esto en un taco.

Doblamos la esquina y ahí estaba el puesto “Maguroya Kurogin”. Pedimos un “Very Toro Don” que es un plato con arroz y con cortes de atún y de salmón encima. El atún que tiene es o-toro y es la parte de abajo del atún que tiene más grasa. Combinar el arroz que tiene una consistencia y sabor PER-FEC-TOS y el atún y el salmón que se derriten en la boca, es el cielo.

Very Toro Don

Después caminamos unos pasos para dar con el local de “Tsukiben-Sushi” donde comimos Inari Sushi. Básicamente, es arroz envuelto en tofu frito y puedes pedir que le pongan encima lo que tú quieras. Yo escogí uno de salmón con hueva de salmón. La frescura y el color del sushi hablan por sí mismos.

Seguimos al puesto de “Sawaiken”, en donde nos comimos un dumpling gigante de puerco con mostaza y soya (no es japonés, sino chino). Le pude dar una mini mordida porque mi esposo/fotógrafo se lo devoró pero estaba delicioso.

Luego pasamos por “Saito Suisan” donde nos comimos unos ostiones que tenían el mismo largo de mi cara. Les echan un poco de vinagre que resalta su sabor. Son los ostiones más frescos y gigantes que me he comido.

Finalmente, fuimos a un puestito en una esquina que se llama “Hamada Shoten” donde venden un bollo hecho con tinta de calamar que dentro tiene pasta de uni o erizo y encima más erizo fresco. La descripción no le hace justicia. El pan está calientito y cuando lo muerdes sientes la cremosidad y dulzura de la pasta del erizo. Si fuera parte del menú de un restaurante, no tengo idea si sería la entrada o el postre.

Uniman

Para rematar, un helado de matcha. Si algún día van no se pierdan la oportunidad de probarlo. No hay sabor más puro y en tu cara que el matcha en este helado.

No sólo puedes comer como un rey en el mercado por muy buen precio, sino que puedes comprar de todo. Hay una tienda de cuchillos que se llama “Sugimoto” en donde te venden unos cuchillazos. Me gustó que hay cuchillos tanto para derechos como para zurdos, entonces el filo está más pronunciado de un lado que del otro dependiendo cual compres. También venden té de matcha y nihonshu (vino de arroz, aquí conocido como sake), y unas vajillas y juegos de té y de sake que te dan ganas de comprarte todos.

Uno de los desayunos más ricos y enriquecedores que tuve fue sin duda en este mercado.

Depachika

Ese mismo día en la tarde, muertos de hambre, acabamos en un depachika en Shinjuku sin saberlo. “Depa” es slang de tienda departamental y “chika” significa “tienda subterránea”, so there you go… Después supe que las tiendas departamentales más fresas de Tokyo tienen tiendas de comida en sus sótanos. Venden desde cosas muy sencillas como sandwiches, cajas bento (comida empaquetada en una caja), brochetas, y sushi, hasta encurtidos, dulces y postres súper elaborados. Había tanta variedad y tanta comida desconocida (todos los letreros están en japonés) que me sentí abrumada y acabé pidiendo un sandwich. Soy aventurera, pero de repente te dan ganas de algo de comer algo que sepas pronunciar.

Nos animamos a comprar un postre que era una especie de mazapán de pasta de frijol rojo dulce. Me encantó la manera en la que se toman el tiempo y dedicación para envolver las cosas. La encargada metió con una parsimonia total el mini mazapán en una bolsita, que luego metió en una cajita, que luego metió en una bolsa más grande que luego selló con una estampa.

La paciencia de un chilango no da para esas parsimonias, pero ni modo, se aguanta uno en tierras ajenas. Quitamos la estampa, abrimos la bolsa, la caja y la bolsita final y comimos del bendito mazapán. Es un sabor tan distinto y nuevo que es difícil saber de inmediato si te gusta. El frijol rojo tiene una dulzura que no es tan evidente como la del camote. Me gustó.

Nada mal para el día dos en Japón.

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